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Extremadura y los Caminos de Sefarad

Durante muchos siglos, la Península Ibérica fue un lugar donde se asentaron una gran cantidad de pueblos, culturas y religiones. La presencia de comunidades judías hasta 1492 esmaltó la geografía urbana de la península. Estas comunidades crearon su propia cultura, practicaron sus costumbres y su religión, además de desarrollar su vida social junto con las comunidades cristianas y árabes. La riqueza de esta realidad es una herencia, un patrimonio de muchos pueblos de nuestro país. Los Caminos de Sefarad son una propuesta de viaje por las juderías más destacadas de España, pero ahora, nos centraremos en las de nuestra comunidad: Hervás, Plasencia y Cáceres.

Hervás, situada al norte de la provincia de Cáceres, ubicada en la falda de la Sierra de Béjar y junto al río Ambroz. Su población ha sabido conservar la judería, casi intacta desde la época medieval. Declarada Conjunto Histórico- Artístico en 1969 y cuyo entramado urbano se mantiene de manera tradicional.

La presencia judía en esta localidad no duró más de un siglo. Los judíos decidieron establecerse en Hervás huyendo del clima antijudío que se respiraba en Castilla en el siglo XIV. Como consecuencia de las revueltas, numerosos judíos se convirtieron al cristianismo para salvar sus vidas y propiedades, otros emigraron a Portugal y algunos se quedaron en el Valle de Ambroz, que se fue poblando con los sefardíes que se situaban en la vía de la Plata.

En 1246 Fernando III donó a Violante de Aragón, hija de Jaime I el Conquistador, el señorío de Béjar y Hervás como regalo de bodas, por haber contraído matrimonio con Alfonso X el Sabio.

Ya en junio de 1396, Diego López de Estúñiga, recibió Béjar a cambio de la villa de Frías, convirtiéndose en señor de Béjar hasta principios del siglo XIX.

Los judíos de Hervás se encargaban de desempeñar oficios como el de tejedor, médico, arrendador  de rentas y mercader. Tenían varias propiedades como edificios públicos y además, poseían viñedos, linares y castañares en las mejores zonas del lugar.

Durante el reinado de los Reyes Católicos, comenzaron las expulsiones de estos judíos de sus tierras. Pero más tarde se procedió al retorno hebreo, que no fue muy bien visto entre los habitantes de Hervás. Con la inquisición extremeña fueron perseguidos hasta que se les enviaba a la hoguera.

Plasencia, ubicada en el norte de Extremadura y limita con poblaciones de cinco comarcas: Alagón, Granadilla, Jerte, Monfragüe y la Vera. Es la puerta de entrada al Valle del Jerte.



La convivencia de los judíos y cristianos permite seguir los restos de los hebreos placentinos que supone una buena parte de la riqueza monumental de la ciudad amurallada.

Fundada por el rey Alfonso VIII en el año 1186. Plasencia contó desde el principio con una gran presencia de comunidades judías. La judería de esta localidad era la más poderosa econonómicamente, llegando a gozar de una autonomía jurídica para celebrar sus pleitos civiles y criminales entre judíos y administrando justicia según las leyes de la Torá.

Con el paso de los años, el conflicto entre cristianos y judíos cada vez es más latente, llegando a ser expulsados de los reinos cristianos de la Península decretada por los Reyes Católicos.

Cáceres, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1986, de gran belleza monumental y arquitectónica. Su judería mantiene las calles estrechas, las casas encaladas y las hermosas flores de sus balcones.

El Fuero de Cáceres fue ratificado en 1231 por Fernando III el Santo, donde animaba a los judíos, moros y cristianos a habitar la ciudad recién reconquistada. Judíos y cristianos vivían físicamente separados, pero además no se les permitía la unión en matrimonio mixto ni la relación entre personas de distintas creencias.

Con Enrique II, comenzaba un periodo de inestabilidad para las comunidades judías, de lo que Cáceres se benefició en el aspecto demográfico, ya que todos los judíos huían al norte de Extremadura.

En 1492, con el reinado de los Reyes Católicos, se obliga a todos aquellos que se negaran a tomar las aguas del bautismo como cristianos, tuvieron que abandonar la ciudad. Muchos de ellos salieron de Cáceres hacia el país vecino.



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