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Pimentón de la Vera: Oro rojo

Pimentón de la Vera

Aún recuerdo aquellas tardes en la puerta de casa de mi abuela. Ella, sentada en una silla antigua de mimbre, me contaba la historia mientras enristraba los pimientos largos rojo con una aguja uno por uno que cogía de su mandil negro y con aquel gran bolsillo en el que metía las llaves de casa y un pañuelo de tela,  atravesándolos por el pezón y uniéndolos con un fino hilo de color negro  para luego colgarlas en la fachada blanca de su humilde casa.

Sacaba la tijera del bolsillo, cortaba el hilo, lo mojaba entre sus dientes y enhebraba la aguja. Sus gafas, a la altura de media nariz para poder ver más de cerca y en sus labios una frase de comienzo “A medida que vayas comiendo el bocadillo de salchichón de la matanza de este inverno, te contaré una historia…” y era entonces cuando mis dientes, aún pequeños, masticaban poco a poco el exquisito embutido cuando ella proseguía “Los monjes Jerónimos del Monasterio de Yuste son lo que introdujeron el cultivo del pimentón en la Vera. Ya has visto que tu padre y el abuelo tienen grandes plantaciones de pimiento allí en Santa Marina y que de vez en cuanto activan los aspersores para regarlos ¡Sí! Son esos en los que cuando viene el agua te apartas corriendo para que no te moje y cuando se va vuelves a su lado riendo con tu coleta alta y tu coletero de lazo que te regalé por tu octavo cumpleaños o en la otra parte del campo, donde abuelo los riega con la azada y tú te sientas en el alto del surco y metes tus pies para que el agua corra deprisa por ellos.” Ella terminaba de enristrar la primera ristra de pimiento y volvía a cortar el hilo, a enhebrarlo y a empezar de nuevo.

“Cuando el pimiento empieza a enrojecer, cuando adquiere el color rojo es cuando está preparado para cogerlo. Es cuando vamos todos y cada uno nos ponemos entre dos surcos. Con un saco delante de nosotros vamos cogiéndolos poco a poco a mano. Es una temporada en la que en ocasiones llueve y tenemos que optar por ponernos un traje de agua y botas para no hundirnos en la tierra. Para comer, el abuelo hace una lumbre y asamos panceta y algún chorizo y, a la hora del café, tu madre hace huesillos que nos dan fuerza para aguantar hasta la caída del sol. Después de semanas intensas de trabajo, es cuando el abuelo y papá introducen todos los pimientos dentro del secadero y encienden la lumbre debajo, con un proceso de ahumado del mismo. Constantemente tienen que ir a rodearlos hasta que por fin se secan. Es cuando la zona de la Vera adquiere un olor a humo de leña, invadiendo cada rincón de la Comarca. Una vez secos, es cuando lo llevan a la fábrica, donde trabajadores lo molerán y conseguirán, casi después de unos ocho o nueve meses elaborar el pimentón de la Vera, el de la denominación de origen, el que añadimos a la ensalada de tomate y pimientos frescos, el que tanto te gusta”.

El Pimentón de la Vera es un producto de sabor y aroma ahumados debido al proceso de secado al humo de este fruto solanáceo. Su coloración roja posee un gran poder colorante en los platos. El sabor, aroma y color son estables debido al lento proceso de deshidratación empleado en su elaboración.

Por su sabor, podemos distinguir tres tipos de Pimentón de la Vera



  • Dulce: elaborado con las variedades Bola y Jaranda
  • Agridulce: elaborado con las variedades Jaranda y Jariza
  • Picante: elaborado con la variedad Jeromín.

El pimentón de la Vera se produce en dicha comarca homónima, en los municipios de Cuacos de Yuste, Jaraíz de la Vera, Aldeanueva de la Vera, Jarandilla de la Vera, Losar de la Vera y Madrigal de la Vera. La sede del consejo regulador de la Denominación de Origen se encuentra en Jaraíz de la Vera.

Mi bocadillo ya no está, tan sólo unas migas de pan invaden mi cara. Mi abuela, que ya ha terminado de enristrar, sacude su mandil y me limpia la boca. Durante un instante, un leve olor a humo invade mi nariz. Me doy la vuelta. Mi abuelo viene por medio de la plaza andando. Me levanto, corro y le abrazo. Viene de rodear, este aroma es inconfundible.



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