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Gentilicios de la Vera, ¿tú de quién eres?

Laderas cubiertas de robles y pastizales. Arroyos y gargantas se desempeñan desde lo alto de la montaña y riegan las tierras de los madrigaleños. Madrigal de la Vera es la puerta de la Comarca de la Vera. Regada por la garganta de Alardos, posee grandes bosques frondosos y frescos donde respirar aire puro devuelve la paz y la tranquilidad entre sus habitantes.

Villanueva de la Vera tiene una de las joyas más maravillosas de la comarca. Los villanovenses disfrutan de una magnífica cascada, la garganta del Diablo. En los años de frío y abundante nieve y lluvia desciende el agua formando un gran espectáculo que nadie debería perderse. El entramado de sus calles por las que corre el agua cristalina desarrolla sus casas de madera con pasadizos que descubrir.

Siguiendo el curso de los arroyos,  llegamos al pie de la Sierra de Gredos donde nos encontramos el pueblo de Talaveruela de la Vera, con formaciones de roble albar. Los talaveroreños  más senderistas disfrutan de rutas por los cerros y las cumbres de esta localidad conviviendo con las cabras montesas del lugar, animal ejemplar característico de la región, agradable paseo entre robles y viejos molinos que hay en las proximidades y con una zona con mesas formadas con ruedas de molino.

Los valverdanos degustan el zorongollo, denominada así a la típica ensalada de pimientos acompañada de una rebanada de pan con su queso fresco y un poquito de membrillo para darle colorido a este manjar. Valverde de la Vera ha sabido conservar lo mejor de la arquitectura verata, con la que se presenta ante el visitante invitándole a pasear por las calle, perdiéndose en el pasado.

Los viandareños enclavados en la Sierra de Gredos, disfrutan de amplias e inigualables vistas por doquier. Mire donde mire, siempre disfrutan de rincones únicos y de las únicas ruinas celtas que dan idea de la existencia de esta población desde tiempos remotos. Viandar de la Vera se caracteriza por sus inscripciones en las fachadas de sus calles.

Los siguientes paisanos, los losareños pasean a lo largo de todo Losar de la Vera disfrutando de una arquitectura ajardinada del propio municipio. Animales, plantas e incluso edificios son regados para que el turista quede asombrado con estas obras verdes de arte. Tras esto, toman un baño en la garganta de Cuartos, un enclave maravilloso donde las aguas cristalinas caen entre los grandes canchales producto de la propia naturaleza en Losar de la Vera.

Sintiéndonos un poco romanos, Jarandilla de la Vera posee un vestigio de esta zona: el puente que cruza la garganta Jaranda, un apetitoso café dentro del Palacio de los Condes de Oropesa, hoy en día convertido en Parador, es tomado por los jarandillanos una tarde fría de invierno.

Tres son los caminos que podemos seguir para encontrarnos con nuestros paisanos veratos. Guijo de Santa Bárbara se caracteriza por tener unas mermeladas exquisitas. De ahí a que sus habitantes sean conocidos como golosos y guijeños si apelamos al nombre de este pueblo. No solo este suculento manjar como acompañamiento a las tostadas, sino que también es conocido este pueblo con encanto por su pan, su queso y su licor de gloria. Haciendo alguna que otra ruta senderista, para disfrutar de la naturaleza, admirando el paisaje y tomando un respiro en el camino, adentrándonos de esta manera al charco del trabuquete.

Paralelo a este pueblo, los roblillanos o barqueros nos ofrecen una silla para poder disfrutar de la villa realenga de Robledillo de la Vera. La Casa Matriz de la beata Matilde Téllez, fundadora de la congregación “Hijas de María Madre de la Iglesia” es un lugar que no debemos dejar de visitar.

Con cuatro gentilicios nos vamos a encontrar cuando por Aldeanueva de la Vera vayamos a pasar: aldeanovenses, aldeanos, judíos y pencones. Todos presumen por tener uno de los mejores atractivos para conseguir un excelente turismo ecológico, destacando sus gargantas que atraviesan el pueblo y las cercanas, que permiten un baño en un entorno sin modificar, natural y de gran belleza sin igual. Un entramado de calles superpuesto por pasadizos de madera aún por explorar.

Bellas estampas son las que rodean a los cuacareños o perdonaos durante todo el año. Cuacos de Yuste fue el lugar designado por Carlos V para pasar sus últimos días durante el siglo XXVI. Además, dispone de un cementerio alemán curioso para visitar.



La Serrana de la Vera siempre vigilando con sus ojos a los garganteños o leñadores. Garganta la Olla se caracteriza por el encanto de sus calles y sus casas, que conservan la mayoría su arquitectura tradicional verata. Volver al pasado, destacando la Casa de la peña, apoyada con un gran pilar de madera sobre una roca en el medio de la calle.

Jaraiz de la Vera, sede principal de la denominación de origen del pimentón goza de una garganta singular: el Lago. Los jaraiceños aconsejan a los turistas visitar el museo, antiguo palacio Obispo Manzano. Su micología como principal atractivo durante la época de setas y con un olor a rueda quemada el último fin de semana de julio debido a la concentración motera.

Tres kilómetros recorremos y nos encontramos a los collajeros, aunque coloquialmente y comúnmente los vecinos los denominan “collaejos” por acortamiento del gentilicio, haciendo pan en su antiguo horno. Collado de la Vera tiene el privilegio de ser el pueblo más pequeño de población dentro de la comarca y por tener mayor número de cigüeñas en el tejado de su humilde y acogedora iglesia.

Torremenga de la Vera es el pueblo que sucede a Jaraíz. Los torremengueños, majetes y mangas degustan una gran gastronomía variada: sus estupendas carnes de cabrito y cordero, cuyo ingrediente secreto es el pimentón, la matanza verata y las carnes de cerdo que con ella se obtienen, y los productos de repostería: perrunillas y torrijas que los paisanos paladean durante los días de fiesta.

Los tejedanos o lagareros han celebrado ya el tercer centenario de la liberación de la Villa. Tejeda de Tiétar posee un gran patrimonio cultural y por supuesto de su tahona, donde el turista hace una parada para comprar pan.

Vecinos de la comarca, los pasaroniegos o tinajeros, con ansía al Viernes Santo esperar para poder la Pasión de Cristo poder representar. En el Palacio de los Manrique de Lara el Museo Pecharromán vamos a encontrar y su iglesia de la torre separada porque en Pasarón de la Vera nos vamos a encontrar.

Entre canchales nos ubicamos y a los remoliniegos vamos a visitar. Arroyomolinos de la Vera se caracteriza por tener la Fuente del Llano, llamada “el pilón” ya que su agua es utilizada para todo tipo de fines: los vecinos riegan con ella las flores, limpian las puertas, dan de beber a sus burros y caballos y se refrescan en el periodo estival.

A los últimos vecinos a los cuales saludar son de Gargüera de la Vera. Los gargüeños, o gargüereños cualquier ruta van a realizar, ya que en cualquier época del año salen a caminar. Disponen de un retablo dentro de la Iglesia de la Asunción que hace que los sentimientos afloren una vez que entras al templo.

Y es que ya nos lo contaba Mariano José de Larra “el pueblo no es verdaderamente libre mientras que la liberta no esté arraigada en sus costumbre e identificada con ellas”. Mi pregunta es ¿Y tú, qué costumbres de pueblos van a visitar?

 



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