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Los desenlaces de Jordana

Cuenta la leyenda que en Badajoz vivía Jordana, una bella huérfana, aristócrata, refinada y que cuando paseaba por las calles de la ciudad, dejaba un olor especial.

El rey de Portugal llegó a Badajoz acompañado de sus séquitos, entre los que se encontraba Joan Franco, un apuesto caballero portugués, rico, arrogante y ojo derecho del monarca. Allí le esperaba la multitud, entre la que se encontraba Jordana, con quien Joan Franco cruzó alguna que otra mirada.

Jordana, de regreso a casa, se encontró con un hombre misterioso, de tez oscura, mirada fría y larga barba. Sus miradas se fijaron, pero una sensación siniestra y escalofriante llenó el entorno.

A la mañana siguiente, Jordana recibió una petición por parte de Joan Franco para verse, a lo que ella accedió. La joven se presentó en palacio con un vestido de seda y adornada con sus mejores joyas. Ella no cedió a sus pretensiones amorosas, por lo que abandonó rápidamente ese lugar. A pesar de todo, Joan juró que tarde o temprano, Jordana sería suya.

Días después, Joan apareció muerto junto a unos árboles, desde donde vigilaba los torreones de la alcazaba, un cuchillo le había atravesado el corazón. Por Badajoz se rumoreaba que el culpable era Gonzalo Bejarano, un pretendiente que aspiraba a los favores de la joven.



La bella aristócrata acudió vestida de negro a rendir tributo al caballero. Al regresar a casa, se volvió a encontrar con aquel hombre misterioso, pero sin decir ni una sola palabra, siguió hacia delante a pesar de haber cruzado sus miradas.

Al cabo de un tiempo, Gonzalo Bejarano apareció muerto en el río Guadiana, aunque esta vez, su cuerpo no mostraba signos de violencia. Jordana, llena de dolor, intentó buscar explicaciones a unos acontecimientos que no llegaba a entender.

Un gélido día de invierno, Jordana se escapó de su palacio, dejando toda su fortuna atrás, por lo que Lopes de Mendoza se quedó al poder del mismo.

Pasado el tiempo, una mendiga se dejó llevar por la música que se escuchaba en lo alto del palacio. Al llegar la noche, el sueño se hizo con ella y ante la puerta cayó rendida.

A la mañana siguiente, Lopes de Mendoza se encontró a la mendiga, intentó despertarla pero ya era tarde…Al destaparla la cara se dio cuenta de que no era una mendiga cualquiera. Se trataba de la joven Jordana que yacía muerta ante su palacio.



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