Allá por el año 1450, el cardenal de Sant-Angelo y obispo de Coria y Plasencia, Don Juan de Carvajal, mandó construir el Puente del Cardenal, ubicado en el Parque Nacional de Monfragüe, sobre el río Tajo.

Dos fueron los motivos por los que se levantó este puente, un motivo económico y otro personal.

El motivo económico fue que el camino real que comunicaba Trujillo con Plasencia estaba en muy malas condiciones, sobretodo en invierno, cuando se hacía muy peligroso atravesar el Tajo. Por este motivo Juan de Carvajal decidió llevar a cabo esta obra de ingeniería.

Por otro lado, el motivo personal fue que el cardenal y su hermano, Señor de Torrejón el Rubio, mantenían importantes relaciones con ambos lugares, por lo que con esta construcción la relación era más directa y segura entre Plasencia y Torrejón el Rubio.

Cierto día, el Obispo Juan de Carvajal mandó llamar a un distinguido ingeniero de la zona, con el objetivo de que levantase el puente. Éste al ver el agreste terreno y las fuertes corrientes de agua, manifestó que era imposible construirlo. El obispo al ver que así no podría conseguirlo, sacó una bolsa llena de onzas de oro que iba arrojando poco a poco al río. El ingeniero reconoció su “error” y se comprometió a levantar esa obra monumental.

Se cuenta, que se utilizaron 30.000 sillares de granito y que el coste final alcanzó los 282.325 reales y 31 maravedíes, finalizándolo en 1495.

Desde el primer momento, el puente fue muy transitado por comerciantes, hasta el punto de que aparecieron bandoleros, aunque la solución llegó al instante. El Rey Carlos III mandó construir en las proximidades del puente la aldea de Villarreal de San Carlos, instalándose en ella las tropas que desde entonces protegieron la ruta.

Con la llegada de la Guerra de la Independencia en el s.XIX, el Coronel Prieto mandó derruir el puente, con el fin de entorpecer el avance de las tropas francesas. Y no fue hasta 1859 cuando se redactó el proyecto definitivo de reconstrucción que corrió a cargo del ingeniero Baldomero Cobo.

Cuenta la leyenda que durante esta reconstrucción, se produjo un suceso en Plasencia. Una estrecha viga central de madera se tendió para facilitar los trabajos de andamiaje y descenso de materiales.

Cierta noche, un arriero subió de Trujillo a Plasencia montado a lomos de un mulo. Se hizo tarde y el arriero, antes de llegar al Tajo, se durmió despertándose en una posada de Villarreal de San Carlos. El posadero, al verlo llegar, se sorprendió ya que le extrañaba que viniera de Plasencia, cuando lo solía hacer desde Trujillo. El arriero le contestó que venía de Trujillo, pero allí nadie le creyó, ya que el puente estaba cerrado y no se podía cruzar. La disputa subió de tono y se cruzaron las apuestas.

Al día siguiente, el arriero junto con varias personas, se dirigieron al puente. Asombrados y enmudecidos pudieron ver sobre la viga las huellas de los mulos estampadas sobre el polvo.

El arriero, al llegar de nuevo a la posada, montó en su mulo y sin decir nada, continuó su camino hasta Plasencia.

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